• Xavier Tarré

EL REGALO, A VECES ENVENENADO DEL BORRADOR DE LA AEAT

Actualizado: may 17

En su página web la AEAT dice a los contribuyentes:

“El borrador es una propuesta de declaración de la Renta, confeccionada por la Agencia Tributaria con los datos personales, familiares y económicos del contribuyente, disponibles a una determinada fecha.

Corresponde a cada contribuyente (...) revisar si sus datos personales y económicos están completos y son correctos. Si en la comprobación no se detecta que falte algo, el contribuyente puede presentarlo o confirmarlo, adquiriendo desde ese momento la consideración de declaración de Renta del ejercicio. (...) Además, hay determinados datos, como por ejemplo el nacimiento de hijos en el ejercicio o el abono de cuotas sindicales, que necesariamente tienen que ser aportados por los interesados, ya que la Agencia Tributaria los desconoce.”

Una vez establecido esto surgen varias cuestiones:

¿Es que no nos podemos fiar de los datos de la AEAT? ¿tienen errores los borradores?

Técnicamente no, pero ...

1. pueden faltar datos econòmicos desconocidos para la AEAT.

2. pueden existir cambios en los datos personales (estado civil, nacimiento o adopción de hijos en el año, ascendientes) que únicamente pueden aportar los afectados.

3. pueden existir datos sin obligación legal de declarar a la AEAT (abono de cuotas sindicales)

Por tanto, el contribuyente debe revisar ese borrador para comprobar que todos los datos sean correctos, que no falte ninguno e incluir o modificar aquellos que sean necesarios.

En concreto, principalmente:

1. Si los datos sobre sus inmuebles son correctos: % propiedad, referencias catastrales, destino.. 2. Si tiene cuotas sindicales u otras deducibles que desconozca la AEAT. 3. Que sus datos personales y familiares justifiquen las deducciones a que pueda tener derecho. 4. Si se incluyen sus aportaciones a planes de pensiones. 5. Que sea correcta la información sobre sus préstamos hipotecarios 6. Si su contrato de alquiler cumple las condiciones para aplicarse la deducción. 7. Si tiene derecho a alguna deducción autonòmica.

8. Si los datos salariales y los financieros de cuentas e inversión son correctos.

9. La titularidad real de bienes y derechos y su repercusión en los rendimientos de ctas ctes, activos financieros o inmuebles.

10. La imputación de rentas inmobiliarias, por si hubieran cambiado las circunstancias personales y familiares.

11. Las rentas no retenidas por su pagador, ya que la AEAT no tendrá datos sobre ellas.

Entendida la necesidad de revisar estos datos, los podemos considerar válidos una vez revisados, confiar en ellos y, aún así, presentar nuestra declaración en base a un borrador con errores.

En este caso,

¿quién es el responsable de esos errores? ¿hemos de cargar con los errores de la AEAT? ¿nos pueden sancionar por confiar en un borrador de la AEAT?

Pues sí, en un borrador confirmado con errores la “culpa” es del contribuyente.

La AEAT considera responsable de la corrección en una declaración a quien la firma ya que la AEAT se limita a facilitar al contribuyente los datos de ese contribuyente “disponibles a una determinada fecha”.

Por tanto, si la AEAT detecta el errores, éstos son imputables al contribuyente quien será sancionado en mayor o menor medida según si estos errores afectan o no al importe de la deuda tributaria.

¿cómo puede defenderse un contribuyente que actuó de buena fe confiando en la AEAT?

Reclamando ante la AEAT hasta acudir a la via judicial en último término.

Hay casos de contribuyentes que han llegado hasta la via judicial y han ganado con sentencias que establecen que, para sancionar, no es suficiente con cometer una infracción sino que además es necesario que exista un comportamiento culpable, no pudiendo ser culpable quien de buena fe confió en los datos de la AEAT.

En este sentido, tanto algunos Tribunales Superiores de Justícia autonòmicos, como el Tribunal Supremo o la Audiencia Nacional han venido exigiendo a la AEAT que probase la actuación poco diligente o dolosa del contribuyente, si quiere sancionar.


Un ejemplo de ello es la Sentencia del TS de 7 de febrero de 2014, que señala lo siguiente:

"si el contribuyente se apoya en la previa actuación de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, es evidente que, en línea de principio, actúa con diligencia y cuidado y será preciso, más allá del derecho -y la obligación- de revisar las declaraciones por la administración, explicar la razón de que, pese a seguir sus indicaciones, el contribuyente actuó de forma negligente o dolosa. Otra cosa sería tanto como dejar en manos de la administración el poder equivocar, incluso intencionadamente, al administrado, lo que es inadmisible y la única forma de controlar esa rechazable posible actuación -y otras menos severamente criticables, conforme lo prevenido en el artículo 106.1 de la Constitución Española de 27 de diciembre de 1978, por los tribunales es que se explique con detalle qué culpa tiene quien, en principio, sigue los consejos o las indicaciones de la administración”.

Pero, para llegar hasta ahí, es necesario estar dispuesto a embarcarse en un proceso que puede ser largo y costoso, empezando con una reclamación ante la AEAT y, si esta se mantuviera firme, con la impugnación de la sanción por la via judicial y dependiendo de una sentencia que puede tardar años.

Como conclusión diría que, aún sabiendo que la jurisprudencia podría estar de nuestra parte, para evitar riesgos, incertidumbres y costes ES NECESARIO REVISAR SIEMPRE los datos incluidos en el borrador de la AEAT y confiar esta revisión a profesionales.

Y nuestro trabajo como profesionales es reducir a cero este riesgo.

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